retirez en magasin sous 2h
magasin dès le lendemain
4 fois sans frais par carte bancaire
sous 30 jours
Dernières recherches
ebook
Le saviez vous ?
Lisez votre e-book sur ordinateur, tablette et mobile grâce aux applications :
Coups de cœur Cultura
Tous les passeurs de culture peuvent partager leurs découvertes !
Tu as aimé ce produit ? Partage dès maintenant ton coup de coeur :
La supuesta superación de la filosofía encierra una profunda ironía. La modernidad tardía no ha eliminado el pensamiento filosófico; simplemente ha desplazado sus presupuestos fundamentales hacia el interior de sistemas que se presentan ante la sociedad como neutrales, objetivos y puramente técnicos. La ciencia, la economía, la psicología y el desarrollo algorítmico no operan en el vacío cósmico. Todos estos campos se erigen sobre cimientos teóricos que son, por su propia naturaleza, estrictamente filosóficos.
La paradoja fundamental reside en que aquellos científicos, tecnólogos o economistas que afirman con mayor vehemencia haber dejado atrás la filosofía, suelen introducir de manera subrepticia presupuestos conceptuales ocultos, generalmente de corte empirista, cientificista o utilitarista. Cuando un científico afirma que "la única realidad es aquella que puede ser verificada empíricamente", no está enunciando una verdad científica demostrada en un laboratorio; está formulando una tesis epistemológica muy específica: el positivismo lógico. Cuando un desarrollador de inteligencia artificial programa un algoritmo para maximizar la eficiencia de un servicio a costa de la privacidad de los usuarios, no está aplicando una fórmula matemática neutral; está operando bajo los axiomas morales del utilitarismo de Jeremy Bentham o John Stuart Mill.
Este fenómeno puede caracterizarse como un "contrabando filosófico". Al negarse a reconocer el carácter filosófico de sus premisas, el discurso tecnocrático contemporáneo comete un doble error
Al presentarse estas posturas como "hechos objetivos" o "leyes naturales de la economía y la técnica", se sustraen al debate público y a la crítica racional. La oposición contemporánea a la filosofía se convierte, así, en una filosofía inconsciente; una metafísica dogmática que opera con una fe ciega en sus propios puntos ciegos, funcionando de manera tanto más tiránica cuanto menos reconoce su propia identidad.