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Coups de cœur Cultura
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Cuando la noche escucha
En estas historias, la oscuridad no es un espacio vacío. Escucha, recuerda nombres, espera. Los pueblos, los caminos, los pozos y las casas parecen familiares, pero algo en ellos está desplazado. Las reglas que antes se aplicaban ya no funcionan. Las voces provienen de lugares donde nada debería hablar. Quien responde revela más que palabras.
Lugares que no olvidan nada
Los escenarios no son construcciones imaginarias, sino lugares que viven porque allí viven personas. Pozos, ríos, patios y cabañas guardan recuerdos en su interior. Lo que ocurre allí no queda sin consecuencias. El entorno observa, almacena y transmite. Quien cree que puede simplemente marcharse pronto descubre que algunos lugares se van con uno.
Encuentros sin protección
Los personajes son jóvenes, vulnerables y se ven obligados a tomar decisiones para las que no están preparados. Se enfrentan a autoridades, rituales y fuerzas que no pueden explicarse. La ayuda rara vez es clara. Los adultos saben más, pero no lo dicen todo. El conocimiento no siempre protege; a veces lo empeora todo.
Horror sin distancia
Estas historias no apuestan por sobresaltos rápidos, sino por la cercanía. El horror surge lentamente, crece a partir de pequeños desplazamientos y se vuelve inevitable. No hay observadores seguros. Las lectoras y los lectores están en medio de los acontecimientos, oyen las voces, ven las señales, sienten la presión. Lo que comienza no puede simplemente terminar.
Después de la última frase
Nada se resuelve por completo. Algunas puertas permanecen cerradas, otras solo entreabiertas. Lo que sobrevive es una sensación de inquietud y la pregunta de qué habría hecho uno mismo si hubieran pronunciado su propio nombre. Las historias terminan, pero algo de ellas permanece.