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Cuando Franklin formuló su famosa frase "El que enciende su vela con la mía, recibe luz sin que yo quede a oscuras", estaba articulando algo mucho más profundo que una simple observación sobre la física de la combustión. Estaba proponiendo un modelo completamente nuevo para entender la naturaleza del conocimiento y la creatividad.
Piensa en la radicalidad de esta idea para su época. La metáfora rompe con la concepción medieval y mercantilista del conocimiento como un recurso escaso que debe ser acaparado. En lugar de eso, propone que las ideas poseen una naturaleza fundamentalmente diferente a los bienes materiales: pueden multiplicarse sin disminuir.
La diferencia entre bienes rivales y no rivales: una distinción pionera
Aunque Franklin no utilizó esta terminología económica moderna, su intuición anticipó lo que siglos después los economistas llamarían la distinción entre bienes rivales y no rivales. Un bien rival es aquel cuyo uso por una persona impide o reduce su uso por otra (como una manzana o una parcela de tierra). Un bien no rival, en cambio, puede ser utilizado simultáneamente por múltiples personas sin que se agote o disminuya su valor.
Franklin comprendió intuitivamente que las ideas pertenecen a esta segunda categoría. Cuando él compartía sus descubrimientos sobre electricidad o sus innovaciones técnicas, no perdía nada. Al contrario, al compartir sus ideas, estas se enriquecían a través de la crítica, la mejora y la aplicación por parte de otros.