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La nave del mercader es un auto sacramental de Calderón de la Barca
Fragmento de la obra
Acto único
Suena un clarín en la nave negra, y dando vuelta se ve en la proa la Culpa con espada, plumas y bengala, y algunos de marineros.
Culpa: Suene el clarín y corte
los helados carámbanos del norte
esta trémula nave,
que siendo pez del mar, del viento ave,
al impulso violento 5
del Aquilón, de quien el mal proviene,
tan nueva especie en su embrión contiene
que uno y otro elemento
duda si ave es del mar o pez del viento.
(El clarín, y para de costado.)
Dígalo la divina 10
águila, que a los rayos se examina
del Sol más verdadero,
pues viendo el monstruoso buque fiero
de áspides coronado, y por más loa,
su árbol fanal y su serpiente proa, 15
sobre el inquieto campo de la espuma
nadar volando, pájaro sin pluma,
delfín volar, nadando sin escama,
bestia del mar a su argonauta llama,
cuyo horroroso nombre 20
me empeña a que mi rumbo al cielo asombre
cuando para intimar al Hombre guerra
bestia del mar la Culpa salta en tierra;
que si en sacras lecciones
las vagas ondas son tribulaciones 25
no para algún concepto sin disculpa
marino monstruo a atribular, la Culpa
hoy sulca de la vida los pasajes.
Y así, puesta la proa en los celajes
de aquella inculta tierra: 30
¡A tierra, timonel!
Todos: ¡A tierra, a tierra!
(El clarín, y parando de costado, baja al tablado.)
Culpa: Nadie venga conmigo,
que en ella está quien ha de ser testigo
del gran empeño que acometo grave.
Surta, pues, sobre el áncora la nave, 35
(Bajando.) a que vuelva me aguarde
sin que tema, o sea nunca o mal o tarde,
que carcoma la bruma de su brea
el húmedo vapor de la marea.
Y pues ya en tierra estoy suenen veloces 40
los pavorosos ecos de mis voces.