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La abducción constituye el mecanismo intermedio que transforma intuiciones en hipótesis creativas y permite afrontar problemas complejos
Frente a la parálisis teórica que genera la oposición entre el pensamiento lógico y el puramente intuitivo, este libro defiende una tesis central: la abducción constituye el mecanismo cognitivo y lógico intermedio indispensable que transforma las impresiones vagas de la intuición en hipótesis creativas estructuradas, permitiendo al ser humano afrontar y resolver problemas de alta complejidad.
La abducción —concepto rescatado y reformulado de manera brillante por el filósofo y científico estadounidense Charles Sanders Peirce a finales del siglo XIX y principios del XX— no es una mera variante de los métodos tradicionales de razonamiento, sino una categoría lógica con derecho propio. Mientras que la deducción demuestra que algo tiene que ser de forma necesaria, y la inducción muestra que algo es efectivamente en un número determinado de casos observados, la abducción es la única operación lógica que sugiere que algo puede ser. Es la lógica de la conjetura, la estructura formal del descubrimiento.
Para comprender el alcance de nuestra tesis, es fundamental desmitificar el papel de la intuición. La intuición no es un canal místico con verdades absolutas; es, desde una perspectiva estrictamente naturalista, un sofisticado mecanismo biológico de reconocimiento de patrones. Basándose en la experiencia acumulada, el cerebro detecta similitudes sutiles entre una situación presente compleja y estructuras guardadas en la memoria a largo plazo. Esta detección se traduce en una "corazonada" o en una sensación de dirección. Pero una corazonada, por sí misma, no es una herramienta operativa; no se puede poner a prueba en un laboratorio, no se puede utilizar para diseñar un puente ni sirve para trazar una estrategia empresarial.
Es aquí donde interviene el proceso abductivo. La abducción toma esa masa informe, esa señal difusa emitida por la intuición, y la dota de una morfología proposicional. La transforma en una hipótesis plausible. El pensamiento abductivo opera realizando un salto libre pero estructurado: observa un hecho sorprendente o una anomalía, recurre a un marco conceptual analógico y propone una explicación que, de ser cierta, haría que el hecho sorprendente fuera una consecuencia natural y lógica de las cosas.
La abducción es, por tanto, el verdadero motor de la creatividad porque introduce una regla de correspondencia allí donde antes solo había caos o desconexión. No se limita a registrar datos, sino que inventa una relación causal potencial.