LA CHARCA : TOMO II
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descriptif du fournisseur
Era una noche de luna. En Vegaplana, lugar situado a un kilómetro de distancia, iba a celebrarse el anunciado baile.
En muchos hogares en donde generalmente dormiase desde las primeras horas de la noche brillaban luces: lamparillas humosas de paja o velitas de sebo que chisporroteaban pegadas en angulo agudo a los tabiques.
La gran plebe palida sacudia el sueno disponiéndose al placer: un placer doliente, de enfermo que rie; una sonrisa con apariencias de mueca dibujada en la faz de un yacente.
Las muchachas engalanabanse con vestidos de regencia o de lino amarillo o rojo, y cintas de colores vivos; muchas prendianse flores en el peinado, a lo largo de las trenzas de cabellos lacios y negros: otras retorcianse el pelo formando un rodete que sostenian con horquillas en el vértice de la cabeza.
En ellos, la indumentaria era mas sencilla: camisa blanca, pantalón de dril ordinario y chaqueta blanca también, que se mantenia rigida por la dureza del almidón desecado. Esto y un sombrero de paja de alas anchas sin horma ni forro formaban el atavio.
Luego, en la mano, el machete: el arma clasica de mango ennegrecido por el uso y punta curva; el objeto nunca olvidado, a un tiempo instrumento de trabajo, punto de apoyo, vengador agresivo y defensor de los peligros.
Como gala extraordinaria, se calzaban; los mozos apenas si podian encontrar calzado bastante ancho para sus pies, encallecidos por las asperezas del suelo y agrandados por el constante ejercicio; las jóvenes, casi todas de pie diminuto, sentianse, sin embargo, molestar por la presión desusada de aquellos tiranos de cuero amarillo. Muchos llevaban debajo del brazo los zapatos para ponérselos a la entrada del baile, porque asi la caminata seria mas cómoda y el deterioro del calzado menos sensible.
 
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